jueves, 20 de noviembre de 2014

Nuestra comunidad educativa VOCES VITALES

Misión.-

Una comunidad social y educativa basada en los valores de justicia social, equidad y participación democrática, en la que todos y todas tienen derecho a participar como miembros de pleno derecho —sean cuales sean las características de cada alumno/a— en el aprendizaje y la vida social del aula.

Visión.-

El aula como sistema social no independiente del contexto de centro y sociedad al que pertenece, y las imágenes del aula como comunidad de diversidad, como comunidad social, de aprendizaje y de apoyo, con capacidad de acoger e incluir a todos los alumnos y alumnas.


Objetivo.-

Construir aulas como contextos heterogéneos que den  respuestas que suponen que cualquier planteamiento sobre la vida de la misma esté sujeto a las características que se derivan del reconocimiento de la diversidad. Aulas que se adecúan a las peculiaridades concretas de la diversidad, como hecho global antes que individual. Aulas donde se reconoce la diversidad del grupo, la variabilidad y diferencia de ese grupo frente a otros.


Objetivos específicos.-

Conseguir el compromiso de los y las docentes:


Está demás mencionar la importancia de que los profesores se comprometan con la inclusión, que rechacen los procesos de exclusión y se impliquen en la inclusión plena de todos sus alumnos y alumnas considerándolos miembros de sus clases. La formación continua, del profesorado desde el centro es una de las vías indispensable para abordar la presencia de alumnos/as con muy distintas necesidades. Pero también es cierto que la formación ha de completarse con una serie de actividades o planteamientos que ayuden a desarrollar la inclusión en el aula.

Los profesores deberán ser capaces de explorar y autoanalizar sus propias ideas, sus valores y creencias sobre la diversidad. Estudiar la propia historia y experiencias personales puede ayudar a comprender los efectos de la propia educación y combatirla de manera que se creen clases inclusivas de acuerdo a los principios de igualdad y justicia social.

Iniciar el proceso de inclusión sin esperar a finalizar el proceso de formación. No sirve de nada dilatar el momento de aceptación de los alumnos (en espera por ejemplo de que los profesores se «capaciten») ya que a la diversidad se aprende a responder desde la vivencia de la misma diversidad.

Reutilizar los recursos y profesionales de la educación especial:


En el aula van a presentarse lógicamente demandas y necesidades que los profesores no podrán atender de inmediato. Pero, el planteamiento inclusivo pospone las intervenciones especiales de carácter segregado al límite. La alternativa consiste en reconsiderar el uso de los profesionales y recursos de la educación especial en el centro. No se trata de renunciar a los mismos, sino de reconvertirlos, de utilizar esos recursos para todos, de pensar nuevas formas de organizar su trabajo, de integrar en la enseñanza en el aula ordinaria a esos profesionales.

Mantener las proporciones naturales:


En la distribución y acogida de alumnos y alumnas tanto en el centro como en el aula, se acepta el principio de mantener las proporciones naturales, lo cual significa que las escuelas deben aceptar tan sólo a los alumnos del vecindario. Un excesivo número de alumnos (con discapacidad) en el centro o un desproporcionado número de alumnos con la misma discapacidad en la escuela (por motivos económicos o de distribución de recursos) supone una negación del derecho a educarse y convivir en el entorno más normal posible que tienen todos los alumnos, así como de la igualdad de oportunidades.

Establecer vínculos entre los profesores:


La educación y las aulas inclusivas tienden a promover las redes de apoyo naturales en los centros a través del trabajo conjunto entre profesores que permite y facilita abordar de manera concreta y específica el trabajo sobre educación inclusiva en el aula. El objetivo es ayudar a que todos los profesores implicados en la inclusión puedan participar en el desarrollo y mantenimiento de una comunidad escolar integrada, acogedora e inclusiva.


El aula como comunidad de la diversidad.-


Se reían de mí, […] pues a lo mejor porque pensaban que era mongólica. Me apartaban en los juegos y no podía hacer las cosas con ellos. No querían sentarse conmigo. Estábamos en la misma mesa, pero no me querían ¿Por qué? No sé […] porque era distinta a ellos. (Paola, 16 años.)


Desde la perspectiva multicultural, se plantean los siguientes objetivos para alcanzar una inclusión plena aceptando la diversidad en el aula:

-       Ayudar a los alumnos/as a elaborar identidades positivas de género, raza, cultura, clase social e individual y a reconocer y aceptar su pertenencia a grupos muy diferentes.

-       Capacitar a los niños, niñas y adolescentes para que se consideren parte de una sociedad más amplia, para que se identifiquen, empaticen y se relacionen con individuos de otros grupos.

-       Promover el respeto y el aprecio de las distintas formas de vivir de otras personas.

-       Estimular la apertura y el interés por los demás, la disposición de incluir a los otros y el deseo de cooperar desde las primeras relaciones sociales que establecen los niños/as pequeños/as.

-       Promover el desarrollo de una conciencia realista de la sociedad contemporánea, el sentido de responsabilidad social y de una preocupación activa que se extienda más allá de la propia familia o grupo inmediato.

-       Capacitar a los niños y niñas para que se conviertan en analistas autónomos y críticos y en activistas en su medio social.

-       Apoyar el desarrollo de habilidades educativas y sociales necesarias para que los niños y niñas se conviertan en participantes plenos en la sociedad del modo más adecuado a sus estilos individuales, orientaciones culturales y medios lingüísticos de origen.

-       Promover unas relaciones eficaces y recíprocas entre las escuelas y las familias.

 

Valorar y celebrar la diversidad en el aula:


Pensar la diversidad desde un currículum que se construye desde lo común, desde el respeto a las diferencias y que se desarrolla ensalzando las mismas. Crear un aula inclusiva supone crear un contexto en el que se reconozca, valore y respete a todos los alumnos/as, supone prestar atención a lo que se enseña y al modo en que se enseña pensando en todos y todas las estudiantes. El principio de igualdad no puede llevar a ignorar las diferencias, a no tener en cuenta la diversidad del aula.

Es por ello importante considerar el currículum oculto sobre la diversidad. Y es que los y las estudiantes perciben las diferencias entre ellos, ven y son conscientes de que hay alumnos, por ejemplo con distintas formas y problemas de movilidad, o de comunicación, con rasgos distintos o capacidades diferentes. Ignorar en el aula esas diferencias (no sólo niega a esos alumnos su derecho a aprender según sus necesidades), sino que transmite a los otros y otras una actitud pasiva y de indiferencia ante la diversidad. Pero no es suficiente con aceptar la diversidad. El aula, como espacio por excelencia para la diversidad, debe comprometerse en la lucha contra las reacciones que devalúan, niegan o rechazan la misma. El aula inclusiva debe adoptar conscientemente una postura anti-racista, anti-sexista, comprensiva e igualadora, que potencie también la implicación y el compromiso de los alumnos ante la diversidad. Trabajar con los alumnos en cómo combatir las desigualdades sociales (no sólo describirlas) y crear ciudadanos y ciudadanas comprometidos/as con la inclusión es la meta educativa, que evidentemente debe abordarse en el aula.



La propuesta para incorporar las diferencias en el currículum de aula, tiene además un carácter preventivo contra la exclusión (se articula para cualquier contexto y aula) se basa en dos ideas básicas: reconocer la diversidad y celebrarla. Plantea para ello los siguientes puntos:

-       El respeto y reconocimiento positivo de las diferencias raciales no es sólo un principio para aulas donde haya diversidad étnica, sino un principio que ha de incorporarse al currículum de cualquier aula que quiera ser inclusiva. Reconocer las diferencias biológicas de los distintos grupos humanos significa, primero descubrirlas a los ojos de los alumnos, y después valorarlas como signos de identidad propia y genuina que nos enorgullecen, de forma que se puedan contrarrestar las influencias del racismo que hace creer a algunos alumnos que determinados signos o rasgos físicos son superiores a otros.

Obviamente el tratamiento concreto del tema dependerá de la composición de cada clase. Pero incluso en los contextos más homogéneos existe la obligación de tratar la diversidad racial de manera precisa y rigurosa.

A pesar del compromiso del currículum común en ser un instrumento culturalmente plural a no ser que en la práctica del aula, se descubran y valoren las diferentes culturas, siempre la cultura dominante se impondrá sobre otros acercamientos y manifestaciones culturales. Por eso el aula inclusiva se construye desde la asunción del valor de las múltiples culturas y subculturas, desde el respeto y el reconocimiento de las diferencias más comunes y familiares, no sólo las de las minorías.

-       El respeto y el reconocimiento de las diferencias de género supone que el currículum del aula descubra estas diferencias. El objetivo de ese descubrimiento debe ser que los niños y las niñas reconozcan y acepten las diferencias de sexo, sin que, al mismo tiempo, se limiten a esas características. Una tarea importante es descubrir las ideas estereotipadas y limitadas sobre lo que se atribuye a cada sexo, abriendo nuevas opciones a los niños y niñas. Así mismo estimular las interacciones entre iguales, evitando y denunciando todo síntoma de sexismo. La revisión del currículum desde esta óptica y su desarrollo en el aula es una tarea que exige la consideración de todos y cada uno de los elementos del currículum y de la vida del aula.

-       El respeto y descubrimiento de las diferencias religiosas está muy relacionado con el de las diferencias raciales, culturales y familiares. El reto que plantea este tema a los profesores y profesoras es cómo descubrir esas diferencias y respetarlas sin romper el sentido de comunidad del aula. El abandono del lenguaje del “nosotros” es fundamental en una escuela donde las distintas manifestaciones y creencias se respetan y valoran por igual.

-       El respeto a las diferencias de destreza y capacidad es una tarea ciertamente compleja. Estas diferencias suelen ser conocidas de antemano por los niños y niñas, pero suelen también estar categorizadas y jerarquizadas en sus mentes. Para contrarrestar esta tendencia a diferenciar negativamente en función de la capacidad (intelectual por ejemplo, pero de ver también, o de oír, o moverse, etc.), centros y profesores deberán identificar múltiples capacidades en cada persona y elogiar las mismas, destacando lo que de positivo tiene cada una de ellas.

Relacionado con estos puntos, el autoanálisis sobre las limitaciones propias se plantea como una actividad realmente potente para que los alumnos y alumnas comprendan la diversidad de capacidades en la escuela. La cooperación por otro lado es una alternativa realmente valiosa para fomentar actitudes de comprensión hacia la diversidad, y a la vez de ayuda-mutua.

Descubrir y respetar las diferencias familiares es otra clave en toda aula inclusiva. En la sociedad actual la composición y extensión de la unidad familiar ha variado enormemente y los considerados contextos familiares no convencionales son cada vez más frecuentes. En una única clase puede haber alumnos y alumnas que convivan con sus padres, con uno solo de ellos, con la familia extensa, con familias de acogida, con familias mixtas, con padres adoptivos, en hogares o instituciones, etc. La necesidad de comunicar a los alumnos las diversas formas de vida familiar es un reto que maestros y maestras deben asumir no sólo como actividad puntual (tema “familia”) sino al planificar todas las actividades de la vida del aula, evitando al desarrollo y la puesta en marcha de actividades que den por supuesto que todos/as los/as alumnos/as provienen de familias nucleares tradicionales, y que reconozcan en cambio distintas formas familiares de amor y apoyo mutuo.



Oponerse a los estereotipos y a la discriminación es en consecuencia una meta más a plantearse en el aula. Tal y como se ha ido indicando crear un aula inclusiva no es solo una cuestión de reconocimiento y aceptación de la diferencia, es descubrir y enseñar a los/as alumnos/as la forma de oponerse a los estereotipos y a la discriminación, como futuros ciudadanos con capacidad de ofrecer resistencia y actuar en contra de la desigualdad social. Pero más allá de esa meta a largo plazo los alumnos pueden aprender en el aula a oponerse al racismo, al sexismo y a otros tipos de discriminación en sus propios ambientes, pueden aprender a distinguir entre prejuicios y juicios fundamentados, entre tolerancia e intolerancia, entre participación y mera presencia, entre inclusión y exclusión.

En definitiva, la creación de comunidades inclusivas de todas las personas es una tarea que ha de acometerse también desde el currículum del aula. Posponer o delegar la diversidad hasta el tratamiento individual de la misma puede llevar al inicio de un proceso que acaba siendo de nuevo segregador. Así que la respuesta a la diversidad exige respuestas a nivel de aula, replanteamientos, modificaciones y mejoras organizativas y grupales a nivel de aula, y cualquier otra respuesta que sea necesaria, siempre que sea abordada desde la concepción del aula como comunidad inclusiva.

El aula como comunidad de aprendizaje para todos


Siempre he visto cómo los demás avanzaban, y yo me quedaba atrás… no porque no pudiera, sino porque siempre estaba distraído. Yo a lo mejor no me podía concentrar porque tenía otras cosas en mi cabeza, entonces me castigaban y me echaban de clase, al pasillo. Al volver sólo quería seguir distrayéndome con otras cosas. Me aburría en clase, no me gustaba lo que hacíamos, no tenía ningún interés […]. (Pedro, 17 años, habla de su experiencia escolar. Fue diagnosticado con problemas de Atención Dispersa)

Nada más lejos de la idea del aula como espacio educativo donde aprenden todos, alumnos y profesores, y donde el aprendizaje se concibe y diseña como experiencia colectiva, comunitaria, no sólo como proceso privado e individual. Al hablar de una sociedad del aprendizaje, al hablar de una sociedad en permanente evolución, y del aula como comunidad inclusiva que ofrece oportunidades de aprendizaje a todos sus alumnos debemos plantearnos así las cosas.

Dos cuestiones son clave a la hora de analizar este carácter del aula como comunidad de aprendizaje: el diseño y desarrollo curricular, la programación diseñada o suscrita por el profesor del aula, y la forma en que los alumnos aprenden en el aula (estrategias de enseñanza, estrategias de aprendizaje, etc.).

La programación de aula es el instrumento explicativo básico del currículum real a desarrollar por toda la clase. Esa programación ha de ser la expresión de la actividad didáctica a desarrollar por todos los alumnos, así como de los objetivos instructivo-formativos a conseguir.

Por eso la no curricularidad, concepto que alude al hecho, a veces mantenido y defendido, de que algunos alumnos (por ejemplo los alumnos con necesidades educativas especiales), no pueden desarrollar un currículum formalizado en el aula, es sinónimo de negación del derecho al aprendizaje de todo alumno. Los objetivos educativos del aula como grupo deben estar definidos en términos de enseñanza-aprendizaje, para que todos sus alumnos se incorporen de forma plena al trabajo académico del aula.

Debe planificarse su incorporación al trabajo global (incluso aun en el caso de que existan diferencias significativas en el mismo). Es responsabilidad del profesor evitar, en la medida de lo posible, la dualidad académica que conlleva a la exclusión. Cuanto más adaptada esté la programación del aula a la diversidad imperante en la misma, menos necesidad habrá de hacer adaptaciones individuales: intervenciones especiales diferenciadas y singulares para un alumno.

En segundo lugar, entendemos que la vida académica del aula queda reflejada en las tareas que los alumnos desarrollan en la misma en la forma en que se organiza el aprendizaje, el espacio, en los métodos seguidos, en los procesos desarrollados. Desde esta perspectiva, los objetivos y contenidos, el eje organizador de los mismos, su grado de concreción, los criterios seguidos para su elección y secuenciación, el nivel cognitivo, los procedimientos, métodos, recursos y apoyos, la evaluación o el tiempo empleado para cada una de las áreas y tareas en el aula constituyen algunos de los componentes básicos del entramado académico del aula, en los que es posible identificar y conocer qué es lo que los alumnos aprenden, qué es lo que no aprenden y cómo lo aprenden.



Pero el aula es un contexto académico, no meramente formal, y rígido. Ya en 1977 los investigadores señalaban la simultaneidad y multidimensionalidad de acontecimientos, como características esenciales de la vida de cada aula. De ahí las distancias entre diseño y desarrollo curricular —cuando se concibe aquel como algo previo y rígido— y de ahí que en la práctica sea frecuente lo contrario: la interacción mutua entre ambos a fin de responder a las situaciones concretas que se van generando. No es posible separarlos.



Configurar una intervención pedagógica que promueva el aprendizaje para la diversidad de alumnos del grupo-clase, requiere comprender que el aula es un contexto académico que necesita ser revisado, analizado y evaluado desde la perspectiva de la diversidad. Requiere asumir el análisis del aula y sus necesidades como tarea previa o concomitante a cualquier proyecto que se quiera desarrollar desde una didáctica inclusiva en el aula.

Es posible hacer las cosas de otra manera

"La realidad social y cultural se refleja en las instituciones educativas y cada vez es mas manifiesta la complejidad del contexto escolar actual, por lo que se hace evidente y necesario optar por una educación abierta, "en y para la diversidad", poniendo de manifiesto un pensamiento con relieve multidimensional, que contemple las diferencias aceptando y valorizando la heterogeneidad de los niños/as y de los docentes.

Institucionalmente la diversidad está orientada a la valoración y aceptación de todo el alumnado y al reconocimiento de que todos y todas pueden aprender desde sus diferencias y la diversidad social.

Reconociendo que las prácticas áulicas son complejas, colmadas de obstáculos que se acentúan en las relaciones ínter e intra institucionales; se plantea la necesidad de superar el paradigma de la simplicidad en la Educación Inicial (donde hay un problema y se atiende desde el sentido común, apuntando al practicismo mas que a otra cosa), asumiendo el paradigma de la complejidad en el hacer educativo cotidiano.

Debemos destacar que no hay - o al menos no debería haber- una institución educativa homogénea y uniforme y que la diversidad implica complejidad. Pero esto no significa de modo alguno, la fragmentación del saber. Por eso comprender la diversidad implica buscar diferentes alternativas para abordarla, que se traduzcan en un esbozo teórico pero que avance en actuaciones concretas.

La diversidad está dada por múltiples factores, pero no solamente por los niños y niñas con capacidades educativas especiales, sino también se contemplan las diferencias étnicas y multiculturales de un país. En el común de los casos la diversidad tiene sus bases en las diferencias culturales cada vez más acentuadas dentro de una misma sociedad o comunidad.

Un aspecto importante a considerar es el "reduccionismo" con el cual se suele tratar este tema, la diversidad no atiende a un solo aspecto del ser, no considera únicamente los problemas de aprendizaje que se reflejan en el aula y que en realidad son el manifiesto o síntoma de un problema aun mayor, que podrá focalizarse en una imagen personal desvalorizada, en carencias ambientales o en problemas en el terreno de la sociabilidad.

Atender solo un aspecto de la diversidad, no significa abordarla en su conjunto con deseos de superar la situación detectada, en la mayoría de los casos los problemas que los niños y niñas presentan no son irreversibles, y cuanto más temprana sea la intervención y más alta su calidad, los cambios serán más efectivos y permanentes.

Es necesario tomar en cuenta la diferencia individual, ofreciendo igualdad de oportunidades sobre la base de la atención individual que permite la educación personalizada que no es atender al niño o niña cuando tiene problemas sino darle a cada uno y a cada una lo que necesita.

Debe entenderse que la atención a la diversidad implica creer que cada ser es único y singular y que no se pretende que el niño/a se adapte" al modelo escolar y sus normas y reglas preestablecidas, sino mas bien, que la escuela busque alternativas que se basarán en la convivencia, la vivencia y un modelo educativo que tendrá como objetivo el respeto a la individualidad y el ritmo de cada uno.

Marco contextual.-

En Bolivia y tal vez más que en muchos otros países de la región, es manifiesta la carencia de datos sobre el tema de discapacidad. Estimaciones más intuitivas que científicas, indican que aproximadamente 10 por ciento de la población boliviana presenta algún tipo de discapacidad [1] y que en términos absolutos esta cifra estaría por el orden de las 800.000 personas. Curiosamente, el porcentaje estimado por la Confederación Nacional de Personas con Discapacidad (CNPD), coincide con el cálculo efectuado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la población mundial discapacitada.

La práctica estadística sobre la población discapacitada en Bolivia es muy escasa y reciente; se desarrolla mediante el registro médico en forma aislada y dispersa en cada una de las instituciones especializadas y encargadas de albergar y/o prestar servicios a la población discapacitada. Normalmente, estos registros no están estructurados o no tienen la finalidad de suministrar información estadística; están destinados al seguimiento médico de los pacientes y presentar informes periódicos de desempeño institucional.

Un rasgo común que caracteriza la captura de información sobre este tema, es el problema sociocultural de la población y los prejuicios sociales para reconocer la discapacidad como tal. En muchos casos el jefe(a) de hogar o persona que suministra datos suele esconder la existencia de una persona con alguna discapacidad, aún reconociendo este hecho, lo que ocasiona un omisión en la cuantificación del total de los casos reales.

Una percepción global sobre la generación, recolección y difusión de datos sobre la población discapacitada en Bolivia, sea mediante censos, encuestas o registros administrativos, induce a pensar que aún no existe un sistema estructurado, articulado y complementado que tenga el objetivo fundamental de centralizar, analizar y difundir información sobre este importante tema, que puede consistir en un “Sistema Nacional de Información de Personas con Discapacidad” (SNIPD).

Datos estadísticos.-

La encuesta Mejoramiento de las Condiciones de Vida MECOVI realizada en 2003 amplía los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística sobre el porcentaje de población con discapacidad.

Del total de personas con discapacidad, los que destacan por su importancia porcentual son las personas ciegas con 16 por ciento (128.000); las personas con problemas para caminar con 15 por ciento (120.000), seguido de las personas mudas con 12 por ciento (96.000); las personas que no tienen un ojo con 11 por ciento del total. Cerca del 10 por ciento (80.000) fueron identificados con sordera, el 7 por ciento (56.000) como personas con problemas neurológicos y en igual proporción las personas sin mano. Finalmente, en porcentajes menores se identificaron a las personas mutiladas (6%) y a los sordomudos (3%).[2]

La discapacidad clasificada por grandes grupos de edad de la población, en mayor proporción corresponde al grupo de 15 a 64 años de edad con el 65 por ciento, destacándose principalmente las discapacidades de tipo físico, seguido de la auditiva y/o habla y la mental. En las edades menores de 0 a 14 años (16%) predominan las discapacidades mentales, las auditivas y/o de habla, las físicas y las de tipo visual. En las edades de avanzadas las que se destacan son: las visuales, las físicas, las auditivas y/o de habla y finalmente las mentales.

Para conocer la asistencia escolar de la población de 5 años o más, la encuesta MECOVI formuló la pregunta: “Actualmente, ¿asiste al curso o grado de educación escolar o superior al que se matriculó este año?”. Los resultados permiten clasificar a la población discapacitada en edad escolar de 6 a 19 años de edad según que asistan o no a un centro educativo o especial. El 59 por ciento del total, declaró estar asistiendo a un “centro educativo” y resto 41 por ciento dejó de hacerlo. Los que declararon no estar asistiendo a un centro educativo son los que tenían problemas principalmente de tipo mental, físico y auditivo y/o de habla.

La Encuesta MECOVI 2003, también permite conocer el nivel de instrucción alcanzado por la población discapacitada de 6 a 19 años de edad. La mayor parte de esta población alcanzó el nivel primario de instrucción (43%), seguido de los que cursaron el nivel secundario (12%). La Encuesta también captó, aunque en un porcentaje reducido (1.4%), una población que habría alcanzado el nivel normal de educación superior, que constituyen los docentes normalistas.

Sin embargo, un porcentaje significativo del 41 por ciento, no alcanzó ningún nivel de instrucción del sistema escolar; entre esta población se encuentra mayormente los que tienen problemas auditivos y/o de habla, también los que tienen dificultades de tipo físico y mental.






[1] Instituto Nacional de Estadística. 2001
[2] Encuesta Mejoramiento de las Condiciones de Vida MECOVI. 2003

Agendamos en la opinión pública el problema del acoso escolar











jueves, 6 de noviembre de 2014

Trinchera Escolar

Voces Vitales a través del estudio evidenció que la escuela es el segundo lugar, después del hogar, donde los niños, niñas y adolescentes son víctimas de violencia a través del maltrato, insultos, apodos, agresiones físicas, exclusión social y marginación por parte de sus compañeros y docentes.

Desde el año 2007 Voces Vitales ha instalado en la agenda pública el acoso escolar como un tema de preocupación ante la vulneración de los derechos de niños, niñas y adolescentes a través de una serie de jornadas de información y procesos de capacitación, principalmente en las ciudades de La Paz y El Alto, además de la difusión de programa de radio semanal con duración de una hora, en la prestigiosa emisora “Radio Deseo” del Movimiento Mujeres Creando denominado “Trinchera Escolar”.


Todos los días mi compañero me pedía dos pesos. A veces yo le daba el dinero que me entregaba mi papá. Otras veces, me daban algo de comer y, para evitar que me pegaran, le robaba a mi mamá”,  uno de los testimonios de estudiantes que recogió Voces Vitales




Pionera en la investigación del bullying en Bolivia

Voces Vitales es la primera institución en Bolivia que trabaja la problemática del acoso escolar, cuya misión y visión se orientan a la defensa de los derechos de niños, niñas y adolescentes ante el acoso escolar, promoviendo la reducción y erradicación de la violencia en los ámbitos educativos a través de la construcción de aulas de paz y que generen una cultura de convivencia respetuosa, sin ningún tipo de violencia. 


Durante el trienio 2006 y 2009  Voces Vitales  realizó dos diagnósticos regionales y un diagnóstico nacional sobre acoso escolar.


El Diagnóstico Nacional nos permitió constatar que el 50% de la población estudiantil se encuentra en el círculo del acoso escolar, como víctimas, acosadores/as y/o espectadores.


Asimismo, se evidenció que 6 de 10 estudiantes afirman ser víctimas de maltrato por parte de sus docentes.


Voces Vitales a través del estudio evidenció que la escuela es el segundo lugar, después del hogar, donde los niños, niñas y adolescentes son víctimas de violencia a través del maltrato, insultos, apodos, agresiones físicas, exclusión social y marginación por parte de sus compañeros y docentes. 


Cero Tolerancia al Acoso y Violencia Escolar para prevenir ésta problemática y promover una cultura de respeto a los derechos de niñas, niños y adolescentes en las comunidades educativas, sin ningún tipo de discriminaciones.

El derecho a una vida escolar sin violencia

No le dedico a nadie…




Preámbulo



Cuando nos introducimos en una investigación nueva, sin una línea de base, con supuestos más que certidumbres, fue como adentrarnos en un callejón oscuro; predispuestas a recibir un golpe de alguna parte, susceptibles de caer o por lo menos resbalar, vulnerables a las críticas más despiadadas y a las adhesiones casi militantes; pero había que armarse de valor y comenzar a correr.

No dejó de tentarnos la posibilidad de ampliar la investigación hacia infinitos temas; mejor dicho problemas; por todo lo que constatamos, leímos, escuchamos en nuestro recorrido por rincones insospechados en los que había una escuela, con muros de silencio y complicidad; con pupitres de dolor y humillación; con docentes y regentes que oscilan entre el cielo y el infierno, en un espacio que debería ser solo de la tierra.

Lo que más nos invadía en este caminar fue el sentimiento de dolor, angustia y ganas de darnos media vuelta; mucha violencia para las wawas (niños y niñas), mucha indiferencia de los adultos/as. ¿Será porque la escuela no es parte de la cosmovisión ni andina ni amazónica, no forma parte de una buena vida, una convivencia respetuosa; aquello que en aymara se dice suma qamaña? (buena vida).

De todas maneras había que seguir, porque había mucho que visibilizar, mucho por contar; lo más se quedó en la absoluta incomprensión; a lo que se comprendió se colocó nombre, edad, sexo, unidad educativa y por supuesto, número; para las veces que le pegaron, le insultaron, le excluyeron, le amenazaron; pero no se pudieron contar las lágrimas, las sonrisas, los temores, las complicidades, las solidaridades, los dolores…

La recolección de datos, la transcripción y agrupación, fue relativamente fácil por la tecnología que lo hace todo; pero que nos deja la parte más complicada a los investigadores, comprender, interpretar y socializar.

Nos complejizó la infinita información que recogimos no sólo con los cuestionarios, sino con las miradas, las conversaciones, los paseos por los patios, las aulas, los recreos, las horas de educación física o de salida;  no queríamos que nada quedara fuera de la investigación. Pero era justo por tiempo, espacio y equilibrio emocional, restringir nuestro estudio y volver a nuestro objetivo inicial: determinar si existe acoso escolar en Bolivia, cómo se presenta, cuál es la forma más recurrente de acoso; cuáles los lugares donde se presentan las situaciones de acoso; cuántos/as acosados/as, víctimas y espectadores/as existen en esta problemática. Cuál la relación de los/as docentes con los/as estudiantes; de los padres y madres con docentes y con sus hijos/as. Objetivo pretensioso sin duda, pero factible por los instrumentos utilizados.

No podemos decir labor cumplida, sino más bien comencemos el trabajo.


Historias de la autora

 

Recuerdos fracturados



¿Que si fui feliz en el colegio?, no sé, nunca fui del grupo de las más bonitas o las más populares, estuve en un colegio solo de niñas dirigido por monjas, represoras y reprimidas.

Hace más de veinte años… recuerdo los hábitos negros y grises, las palmadas en las pompas por correr en los pasillos, la regente, no re gente no era, más bien era una mujer muy gritona y torpe, las cerradas de puerta en la nariz por cinco minutos tarde, las llamadas de atención o las llamadas telefónicas a casa por usar pantalón, pintarse las uñas, maquillarse los ojos, pintarse los labios.

Los retiros espirituales eran toda una aventura, se trataba de encontrar la mochila más grande y menos evidente para llevar las cervezas y los cigarrillos, algunas nos poníamos unas chamarras gigantes para poner en los bolsillos, más cervezas y más cigarros. Nos revisaban nuestras mochilas al entrar al colegio de varones donde realizábamos estos encuentros, por tanto en las noches el retiro se convertía en una entretenida jarana. Por supuesto, nos asignaban, no sé si la vivienda de los curas del colegio, o algún tipo de internado, porque tenía pasillos largos y en los costados estaban las habitaciones con dos camas, una mesa de noche, roperos, ventanas grandes y baños compartidos.

Las noches eran espectaculares, había que ver nuestra habilidad para cruzar de una ventana a otra con las bolsas de cervezas, estábamos en un segundo piso, pero nos convertíamos en unas expertas escaladoras. Nos reuníamos a contar chistes e historias de terror, a burlarnos de las monjas, a fumar, a reír, a llorar… hasta que escuchábamos los pasitos de la monja, que nos pillaba siempre y nos sacaba a empujones del cuarto. El día siguiente era un martirio, a rezar desde las siete de la mañana, ya duchadas y bien arregladitas; luego a escuchar las lecturas bíblicas, a poner la mesa para el almuerzo y en las tardes a seguir reflexionando sobre la biblia, a poner la mesa para la cena y por supuesto, la infaltable confesión con el cura.

Los recuerdos se me quiebran cuando pienso en mi mejor amiga de básico (primaria), éramos inseparables, nos sentábamos juntas, salíamos al recreo juntas, hacíamos las tareas (alguna vez), pero siempre nos reuníamos en la tarde con ese pretexto, reíamos de todo y de nada, recuerdo que incluso nos turnábamos para almorzar juntas, un día en mi casa, otro en la suya.

Un fin de año, la monjita llamó a mi mamá y le dijo que ya no podíamos seguir unidas, que decidiera con la familia de mi amiga, cuál de las dos se quedaba en el colegio, porque nos perjudicábamos juntas, éramos malas estudiantes y eso no era bueno para ninguna de las dos. Mi madre, le dijo que fuera ella quien se quedara, que nosotras buscaríamos otro colegio. Pero no fue así, no entiendo las razones, ni las situaciones de entonces, no las conozco, me quedé yo, pero sin mi amiga. Ella fue a otro colegio en Miraflores, me decía ella, que era mejor, que le quedaba cerca a su casa y que era mucho más divertido. Me quedé sin mi amiga, su banco estaba vacío, ya no tenía con quien reír, con quien compartir los recreos, con quien almorzar, no tenía donde ir. Por qué lo hicieron?... nunca entendí, pero la perdí, nunca más volví a compartir con ella un largo rato de risas y de llantos, nunca más compartimos un emparedado de queso, una bolsita de papas fritas, a veces con chocolate; ni siquiera un abrazo. No nos enojamos, nos volvimos a ver después de años en la calle y nos saludamos con mucho cariño. Las monjitas decidieron que nuestra amistad no iba más.

Los años pasaron… me fui un tiempo a Santa Cruz, a un bonito colegio, pero que no trascendió en mi vida. Tenía una amiga llamada Clarita que tenía las piernas quemadas tras un accidente con alcohol, siempre estuve al lado de ella en los recreos, en las clases…, algunas compañeras no dejaban de llamarme colla, para evitarlo inventé que yo llegaba de París, probablemente porque escuché que las cigüeñas llegan del viejo continente; la mentira resultó, muchas compañeras se acercaban a preguntarme como era París, si sabía hablar francés, cómo eran mis papás, cómo eran mis hermanas…No sé si el cuento continuó, pero conseguí más amigas, incluso algunas me invitaban a su casa a conocer a sus papás, otras querían acompañarme a mi casa después del colegio.

Algo que si recuerdo del colegio de Santa Cruz, es que los/as profesores/as entregaban medallas de colores a las mejores estudiantes; la rosada significaba que tu desempeño no había sido tan bueno y las celestes eran un verdadero orgullo, suponía que durante la semana te destacaste en todas tus materias. Yo las conocía porque mi hermana mayor llegaba siempre con las celestes, yo alguna vez llegué con la rosada. Las tenías que devolver al día siguiente, pero lo que suponía que te condecoren al final del día era una situación de tanta afectación, que no la puedo relatar.

La maestra se paraba delante del curso, como siempre, y comenzaba a llamar lista, primero a las que más o menos se destacaron, una sentía entre vergüenza y algo de orgullo, cuando mencionaba tu nombre, te parabas frente a todas las del curso, la docente te colocaba la medalla y siempre decía “la próxima semana la celeste”. Pero la sensación de escuchar tu nombre para la medalla celeste era inexplicable, te levantabas del asiento como un pavo real, caminabas hacia adelante y comenzabas a crecer hasta llegar al trono, donde te colocaban la corona y te felicitaban por tan buen desempeño durante la semana.

La sensación de quedarte sin medallas, ni celeste ni rosada, era incómoda por decir lo menos, porque además quienes sacaban medallas se pavoneaban por mi lado y me quedaba, al principio, con un saborcito peor que amargo, pero como la situación se repetía cada semana, ya me había acostumbrado, lo extraño era escuchar mi nombre para recibir una medallita.

En medio (secundaria ahora) volví a La Paz, volví al mismo colegio de monjitas, seguía la misma directora, tienen el don de ser eternas, no les pasa la vida, se mantienen idénticas a pesar de los años. Ingresé a un grupo de amigas, las más gorditas, las más comilonas y las más reilonas. Recuerdo que ingresé a los equipos de básquet y voleibol del colegio, pero nunca fui buena, hacía lo que podía, pero durante los partidos generalmente, la pasaba con el grupo de suplentes.

Mi grupo era divertido, cada una con una historia familiar particular; dos hermanas con una madrastra salida de los cuentos de hadas; una con problemas de obesidad y ambos padres médicos; otra con un padre militar a quien ella decía odiar; y eso sí todas, incluida yo, con un denominador común: “en casa nadie me entiende, nadie me quiere”, seguro contagiadas y alimentadas unas a otras, por esa extraña sensación de incomprensión que acompaña la adolescencia.

La mayoría de las chicas eran muy enamoradizas, a la salida del colegio era un clásico esperar las góndolas de los colegios de los chicos, verlos pasar y tejer historias…”estaba en la ventana con una polera azul”; “me miró y me sonrió”, “me mandó un beso”, “me dijo que me va a llamar”, luego la infaltable carta rusa, a masticar papelitos con el nombre del chico y lanzarlo al techo del aula, si se colaba, te quería, sino a intentarlo nuevamente, con suerte en el aula, generalmente en el baño.

Salíamos casi todas las tardes, no estudiábamos mucho, pero la pasábamos bien. No sé de dónde sacábamos plata, pero en las tardes era infaltable la hamburguesa, las papas fritas, o las mollejas de pollo del frial de la zona.

El curso, durante los cuatro años estaba perfectamente dividido en grupos: las más estudiosas, que no hablaban con nadie que no sea de su grupo, en los exámenes tapaban sus hojas con los brazos y rumoreaban y reían cada vez que alguien salía al pizarrón; las bonitas y populares, que tenían chicos al por mayor, vestían siempre muy bonito, bailaban y organizaban las mañanas deportivas del colegio y además, iban a fiestas y discotecas; las traviesas y pícaras, que se burlaban de las monjas, entraban a empujones al quiosco, se jaloneaban y empujaban en los recreos, se divertían con todas y de todas; unas cuantas excluidas que no se metían con nadie; alguna que otra extranjera que pasaba por alguno de los cursos,  algunos pares de hermanas, que sin ser gemelas estaban en el mismo grado y nosotras.

Recuerdo que un año durante la secundaria se realizaron los Juegos Bolivarianos en La Paz, pidieron a los colegios seleccionar un grupo de estudiantes para organizar las barras y el desfile bolivarianos en el estadio Hernando Siles. Me pareció hermoso, un grupo de chicas tenía que llevar mangas de colores y otro grupo banderas. La presidenta del curso, motivada por sus propios criterios eligió a un grupo de compañeras, ninguna de nuestro grupo fue seleccionada, cuando reclamamos y pedimos que la elección sea justa o por votación, arguyó que el criterio único de selección eran las calificaciones, sobre todo la de educación física; no calificábamos.

Lo último que me acuerdo con mucha precisión, es también un evento en el coliseo cerrado, un concurso de barras de los colegios. Nos organizamos, esta vez todas, seleccionaron a las que teníamos mejor ritmo, (es un orgullo decirlo), ensayamos semanas enteras. Nos acompañaba una canción de moda; las más habilosas diseñaron nuestro traje de baile, un vestido rojo con falda corta y tableada. Para mí fue lo máximo, bailar con las más bonitas del curso, estar en medio de todo un coliseo bailando con pompones, al ritmo de una canción moderna. Pero no tengo claro lo que pasó, lo que no puedo olvidar es que cuatro días antes del gran evento, la que dirigía el grupo me dijo que yo ya no bailaría, que decidieron que otra compañera lo hacía mejor que yo. Hasta ahora me molesta el recuerdo de esta situación.
  
Fui terrible también, rebelde hasta donde me dejaron, usaba pantalón, me escondía en los baños, fumaba en sus interiores, a veces arrebataba la merienda a alguien, a veces insultaba o golpeaba a alguna compañera que “me provocaba”, nunca me destaqué por tener buenas notas. No asistí a mi fiesta de graduación porque fui a desquite en las materias más importantes, tampoco viajé con mi promoción, porque a alguna de las compañeras se le ocurrió que quienes iban a desquite no iban de viaje, se fueron a Potosí y Tarija y trajeron valijas de aventuras y de historias, sobre todo de amor.

Nos quedamos pocas, algunas por desquites, las más por falta de dinero. Una de ellas, se ofreció a darnos clases a quienes teníamos que rendir exámenes. Qué bondad, qué desprendimiento o qué soledad, por lo que fuera, realmente conocerla fue una gloria, por ella salí del colegio, no la volví a ver, pero la recuerdo con muchísima gratitud, incluso gestionó que nos abrieran el colegio para estudiar toda la vacación en un aula con pizarrón.

Ahora que escribo me acuerdo del verde hospital de los baños, donde siempre encontraba escrita la frase: “fulanita de tal goma”, recuerdo ese horrible patio de cemento, el quiosco improvisado, el olor a salteña, a papas fritas mezcladas con arrocitos de chocolate, el color blanco inmaculado de la dirección, donde pasaba varios minutos que se hacían eternos, hasta que llegaba mi hermana y me recriminaba: “que hiciste esta vez…”.

Se me viene a la mente mi profesor de matemáticas, un buen hombre, le decíamos Simón Bolívar, de verdad era parecido; mi profesor de psicología, ese sí que era interesante, le dispararon durante el golpe de estado de Natush Bush, pero no lo mataron; la profesora de educación física, como olvidarla, una señora ya mayorcita, que hacía su mejor esfuerzo por trotar; el profesor de química, con el mayor respeto, le llamábamos Pepa, en realidad era José; y la inolvidable profesora de física que tenía a sus dos hermanas en mi curso, una mujer de temple, serena, cauta; y las monjitas, siempre con el ceño fruncido, dispuestas a gritarte por todo y por nada, caminando con firmeza y dureza; recuerdo particularmente a una monjita que dirigía el acto cívico de los lunes: “¡atención! firrrr, a la izzzzquier, dos…tres, y comenzaban los acordes del himno nacional.

Como olvidar los slams (una especie de diario personal que era llenado con los datos, preferencias y gustos de las chicas del curso), hasta ahora conservo uno: tu nombre, ¿quién te gusta?, ¿tienes chico?, ¿quién es tu mejor amiga?, dedícame una frase. Esta era la parte más importante de tu slam, porque lograbas descubrir qué pensaban las compañeras de curso de ti, varias veces me sorprendí con frases como: “eres una doble cara”; “eres una vanidosa y alzada”, “ojala que cambies, porque eres una hipócrita” o “eres muy voluble”. Nunca descubrí porque algunas chicas pensaban eso de mi, pero siempre me afligió, nunca tuve las agallas para preguntar el porqué de sus comentarios, si nunca había siquiera compartido un recreo con ellas.

El slam era por lo general esa sutil presión para conocer la evaluación que hacíamos las niñas y adolescentes de nuestras compañeras y la evaluación que esperábamos hagan ellas de nosotras.

Recuerdo a una compañera en particular que era capaz de hacerme sentir dichosa con su compañía y desgraciada con su indiferencia; llegaba a veces al curso con dos emparedados de pollo, uno para ella y otro para mí, me esperaba para salir al recreo, me invitaba a jugar toda la tarde a su casa, me decía que era su mejor amiga y que incluso nos parecíamos físicamente, que a ella la confundían conmigo en la calle. Cuando estaba con ella, tenía la opción de pasar un rato con el grupo de las bonitas y populares del curso, porque ella se movía por todos los grupos sin mayor problema, entraba y salía de los grupos con una facilidad única, y no tenía ninguna barrera de entrada.

Esto le duraba aproximadamente dos semanas, luego se sumergía en un silencio completamente agresivo, no me saludaba, me volteaba la cara cuando yo intentaba saludarla, me ignoraba, se reía cuando pasaba por su lado, rumoreaba con las demás y me hacía sentir horrible. Luego se le pasaba y volvía a mi lado, pero lo que nunca dejó de hacer fue dedicarme frases en el slam como “eres muy voluble” o “deberías ser más sincera”. Nunca le pregunté por qué hacía eso conmigo y por qué pensaba eso de mí. Durante los cuatro años lo hizo y el momento del viaje de promoción me llamó por teléfono para despedirse y entre risas con otras chicas, me deseó suerte en mis desquites.

Después de estas frases siempre sentía ese frío del silencio, esa doble dosis de distancia y silencio que te deja sin trincheras y sin defensas, porque no existen pistas sobre lo que hiciste para merecer el castigo.

Un baúl de recuerdos que muy pocas veces me provoca abrirlo, porque además de todo lo narrado encuentro incomodidad, algo de tristeza, pero sobre todo desconcierto: ¿por qué no me dejaron participar en las barras bolivarianas o de colegio?, ¿por qué no me dejaron viajar?, ¿por qué no me dejaron ir a la fiesta de graduación? ¿Eran las reglas del juego, eran las normas implícitas del grupo, solo travesuras, bromas, cosas de chicas, agresión oculta o era acoso escolar? En cualquier caso me provoca ira, que muy pocas veces pude expresarla, contarla y menos comprenderla.



Con este libro intento hacer las paces con algunos oscuros pasajes de mi vida en colegio.

Karen Flores Palacios
http://www.monografias.com/trabajos-pdf4/derecho-vida-escolar-sin-violencia/derecho-vida-escolar-sin-violencia.pdf
http://www.acosomoral.org/documentos/RESUMEN%20DIAGNOSTICO.pdf
http://www.pieb.com.bo/nota.php?idn=2531
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